8 Días en el Infierno y el Paraíso: Lo que nos dejó Transcordilleras 2026.

Hay retos que cambian tu perspectiva sobre el ciclismo, y luego está Transcordilleras. Si tuviéramos que resumir en tres palabras lo que se vivió entre el 22 de febrero y el 1 de marzo de 2026, seríann: salvaje, místico y demoledor.

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En Di Monti, donde vivimos y respiramos el ciclismo que se ensucia los zapatos, sabíamos que la edición de este año iba a ser un quiebre de cabeza y de piernas. Pero la realidad superó cualquier expectativa. Atravesar Colombia de lado a lado es una declaración de amor al gravel, pero también un recordatorio de lo pequeña que es la voluntad humana ante la inmensidad de los Andes.

Aquí te contamos, desde el barro y los datos, cómo se vivió la odisea de las 8 etapas.

La Radiografía de la Bestia: Los Números del 2026

Para entender la magnitud de lo que enfrentaron los ciclistas (y los kits de ciclismo que los acompañaron), hay que mirar las cifras oficiales de la organización:

  • Distancia total: Más de 1.000 kilómetros de puro ciclismo indómito.
  • Desnivel positivo: ¡Más de 22.000 metros de ascenso acumulado! (El equivalente a escalar el Monte Everest casi tres veces).
  • La Ruta: Desde el verde montañoso de El Retiro (Antioquia) hasta el indomable llano en Yopal (Casanare).
  • El Terreno: Un balance del 60% asfalto y 40% destapado. Pero que no te engañe ese 40%: fueron tramos de roca suelta, piedra de río, surcos profundos y barro denso que obligaron a muchos a poner pie en tierra y empujar.
  • El Promedio Diario: Alrededor de 120 km y 2.200 metros de desnivel cada bendito día.

De El Retiro a Yopal: El Choque de los Pisos Térmicos

Moverse en bicicleta por Colombia es jugar a la ruleta rusa con el clima. En este país sin estaciones, el termómetro lo dicta la altitud, y Transcordilleras nos llevó por todos los extremos posibles en cuestión de horas.

Partimos de la frescura antioqueña en El Retiro, subiendo y bajando entre fincas cafeteras y bosques de niebla. Pero el verdadero "bautizo" de Transcordilleras ocurre cuando la ruta te obliga a cruzar los pasos de montaña por encima de los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Allá arriba, en los páramos protegidos, el aire escasea, las piernas pesan el doble y la temperatura puede caer drásticamente hasta los 4°C bajo una lluvia constante. El frío te cala los huesos y te exige la máxima concentración.

Pero el ciclismo en esta tierra es caprichoso. Tras coronar esas cumbres gélidas, la gravedad te catapulta hacia los cañones y valles profundos que se extienden entre las cordilleras. En cuestión de una larga bajada, pasas del frío extremo a sofocantes valles de 40°C con una humedad que corta la respiración. Una verdadera prueba de fuego para el cuerpo... y para la transpirabilidad y resistencia de la ropa que llevas puesta.

Finalmente, el premio a la resiliencia llegó al cruzar la última cordillera y abrirse paso hacia la inmensidad de Yopal, donde los horizontes infinitos del Casanare recibieron a los sobrevivientes.

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La Esencia de la Autosuficiencia

Lo que hace verdaderamente salvaje a Transcordilleras es su filosofía de bikepacking autoabastecido. Aquí no hay carros de equipo pasándote caramañolas frías ni masajistas esperando en la meta. La regla número tres de la carrera es clara: autosuficiencia y honestidad.

Cada participante tuvo que pedalear cargando su propia comida, herramientas y repuestos. Tuvimos tramos de hasta 40 kilómetros sin un solo rastro de civilización o tiendas donde abastecerse, especialmente en los ascensos más duros y aislados de las áreas protegidas. En esos momentos, cuando estás solo tú, tu bicicleta de gravel y la inmensidad de la montaña, es donde entiendes el verdadero significado de este deporte.

Afrontar rampas durísimas con relaciones extremas (¡muchos usando combinaciones de montaña de 38T x 52T!) y llantas de más de 45mm de ancho para no destruir los rines con las rocas, se convirtió en el estándar de supervivencia de esta edición.

El Gravel en su Estado Más Puro

Transcordilleras 2026 nos demostró que Colombia está diseñada, por naturaleza, para el gravel. Sus carreteras secundarias y caminos de herradura conectan pueblos mágicos que parecen detenidos en el tiempo, habitados por la gente más hospitalaria del mundo, siempre lista para dar un grito de aliento al ver pasar a un ciclista cubierto de polvo o lodo.

Fue una semana de contrastes brutales. El sufrimiento físico y mental fue innegable, pero la recompensa visual de ver amanecer sobre el cañón del Chicamocha o pedalear rodeado de frailejones en la cima del mundo hace que cada gota de sudor valga la pena.

En Di Monti creamos prendas pensadas precisamente para resistir la rudeza de estos escenarios sin perder el confort; porque cuando estás a 4.000 metros de altura, bajo la lluvia, o sufriendo a 40°C en el pavimento ardiente, lo último en lo que quieres pensar es en la incomodidad de tu ropa.

¡Felicitaciones a todos los valientes finishers que dejaron el alma en las tres cordilleras! Colombia es hermosa, pero también es implacable, y ustedes la conquistaron.



AGRADECIMIENTO ESPECIAL A TRNASCORDILLERAS Y PIPE CANO POR LAS FOTOS