El día que conquistamos las colinas de Kansas: Nuestra historia en Unbound 2026

Hay carreras de ciclismo que te ponen a prueba, y luego está Unbound Gravel. A finales de mayo de este año, Emporia, Kansas, se convirtió en el epicentro del sufrimiento y la gloria. Para nosotros, la travesía no empezó en la línea de salida con el amanecer de Kansas, sino miles de kilómetros atrás, en Bogotá.

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La odisea de llegar (No apta para impacientes)

Si creen que pedalear 200 millas es difícil, intenten planear el viaje. Ir a Unbound es complejo desde el día uno. No basta con querer ir o tener el dinero; la organización utiliza un sistema de raffle (sorteo) tan exclusivo que ganar un cupo ya se siente como colgarse una medalla.

Una vez con el ticket asegurado, empezó la logística: empacar maletas de viaje para las bicis, rezar para que no se perdieran en las conexiones y abordar un vuelo desde el frío de Bogotá con escala en Miami, para luego conectar y manejar horas eternas hasta el corazón de las Flint Hills en Kansas. Una migración total hacia la meca del gravel.

La carrera en números (Edición 2026)Cycling News

Para dimensionar a lo que nos enfrentamos, la edición de este año se movió bajo estas brutales estadísticas generales:

  • Participantes: Cerca de 5,000 ciclistas de todo el mundo inundaron el pueblo de Emporia.
  • El monstruo de las 300 millas (XL): Además de nuestra distancia, existe la demencial categoría de las 350 millas (más de 560 km). Una prueba mítica de autosuficiencia donde este año la crudeza del clima fue tan destructiva que de 237 valientes que arrancaron, solo lograron terminar 59. El resto fue devorado por el fango.
  • Tiempo promedio (200 mi): Mientras los ciclistas élite vuelan sobre las 9 o 10 horas, el ciclista promedio suele demorar entre 14 y 18 horas en cruzar la meta de las 200 millas, pedaleando a oscuras en la madrugada profunda de Kansas.

Nuestras 12 horas de infierno y gloria

12 horas exactas. Ese fue nuestro tiempo oficial para completar las míticas 200 millas de Unbound 2026. Un registro que nos infla el pecho, pero que nos costó cada gota de sudor, sangre y lágrimas.

Este año el clima decidió darnos el menú completo de lo extremo. No faltó absolutamente nada:

1. El barro "Peanut Butter" y las tormentas

La jornada nos recibió con intensas tormentas eléctricas. El cielo rugía y el agua transformó el polvo de las Flint Hills en ese temido barro arcilloso conocido como peanut butter mud (barro de mantequilla de maní). Hubo tramos donde las ruedas simplemente se bloquearon por completo. ¿La solución? Bajarse de la bici, echársela al hombro y caminar pesadamente hundidos en el lodo mientras veíamos cómo la transmisión sufría con cada paso.

2. Un sol implacable

Cuando la tormenta amainó, no llegó el alivio. Salió un sol abrasador que cocinó el fango directamente sobre el marco de las bicicletas y elevó la humedad a niveles asfixiantes. El terreno de Kansas no tiene sombra; es un sube y baja constante donde el calor rebota contra las piedras afiladas.

Pasar de tiritar por la lluvia a buscar desesperadamente hidratación bajo el sol nos obligó a jugar un juego mental muy fino para no fundirnos.

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El regreso a casa

Cruzar la línea de meta en Commercial Street, en el centro de Emporia, con la cara cubierta de barro y las piernas completamente vacías, es una sensación indescriptible. ahora tenemos la certeza de que fuimos parte de la historia de la carrera de gravel más dura del planeta.

¡Valió cada bendito segundo!

Las máquinas: El bautizo de fuego de nuestras Di Monti

En un terreno tan hostil como el de las Flint Hills, la bicicleta no es solo tu medio de transporte; es tu seguro de vida. Para esta odisea confiamos a ciegas en nuestras Di Monti, equipadas con un set de ruedas que sabíamos que iban a ser puestas a prueba al límite de sus capacidades.

Llevar componentes a Unbound es, literalmente, someterlos a una tortura sistemática. El filo de las piedras de sílice actúa como navajas para las llantas, mientras que el barro arcilloso se mete en cada rodamiento buscando destruir la transmisión.

Sin embargo, el rendimiento de las bicis y las ruedas fue espectacular:

  • Rigidez y absorción: El cuadro Di Monti respondió con una nobleza increíble en los descensos rápidos y sueltos, absorbiendo las vibraciones constantes que destruyen las manos y la espalda tras tantas horas.
  • Ruedas a prueba de todo: Las ruedas sufrieron impactos durísimos contra piedras ocultas en los charcos de barro a alta velocidad. En más de una ocasión pensamos "hasta aquí llegamos", pero mantuvieron el rodar perfecto, sin descentrarse un solo milímetro y soportando la presión extrema sin rechistar.

Ver cómo respondieron las bicicletas en las peores condiciones posibles nos dio una confianza absoluta. Mientras veíamos a decenas de ciclistas varados a la orilla del camino con cuadros rotos o rines destruidos, nuestras Di Monti nos demostraron que están hechas para el gravel de verdad.